Después del precipicio, afrontamos nuestros vicios y nos
abocamos a una renovada realidad.
A manera de aprovechar el público que había quedado
huérfano por el fiasco que resultó ser cierto intento de festival a inicios de
2022, una organización con bastante trayectoria ideó un evento que tratara de
recomponer los ánimos en una sintonía algo similar. Y si bien el reggae
quedaría en segundo plano, otros estilos como el rap, el ska y el rock en
español tendrían su furor en un fin de semana septembrino en el Parque Simón
Bolívar de Bogotá.
Desde este agradable rincón les ofrezco la crónica de lo
vivido en uno de los días de esta experiencia llamada Festival Cordillera, que
prometía curar algunas de las carencias que explotaron en el ya lejano mes de
Marzo. ¡Comencemos!
Me enteré del lanzamiento del festival porque un amigo de
la universidad me lo comunicó: Dos días para disfrutar a promesas y leyendas de
la cultura latinoamericana, entre los que estaban Caifanes, Los Fabulosos
Cadillacs, Maná, Café Tacuba, entre otros. No disponía de los recursos
suficientes para comprar ambos días, por lo que tendría que esperar unos días
más para la compra de la entrada individual. Y apenas se revelaron quiénes iban
a presentarse cada día, no dude en elegir el sábado. ¿Por qué? Solo observen.
¿Un cartel ideal?...
Caifanes encabezaba la lista, y desde hace varios años
quería ver una presentación suya en vivo. Así mismo, de Los Amigos Invisibles y
Mon Laferte… aunque a esta última ya le había perdido la pista por unos años.
También aparecían Los Auténticos Decadentes, Molotov, Babasónicos, Toto la
Momposina y más atractivos que me terminaron de convencer. Si bien el domingo
también tenía buenos artistas, a mi parecer quedaba opacado por la
grandilocuencia del sábado.
La espera se hizo casi eterna, a pesar de comprar la
entrada poco más de 100 días antes del último fin de semana de septiembre. Pero
al final, el día llegó… No sin antes dejar algún susto como el cruce de horarios
entre Molotov y Los Amigos Invisibles, que posteriormente sería corregido para
mi fortuna y la de aquellos que deseaban ver a ambos grupos.
La entrada al recinto se componía de varios anillos de seguridad, incluyendo filas separadas para personas con maleta y sin maleta
Ese sábado 24 de septiembre todo inició a las 2 pm. El
ambiente lucía similar al de un Estéreo Picnic (no era coincidencia al ser los
mismos organizadores) y aún no llegaba la totalidad de personas que albergaría
el lugar en ese día. Era la hora perfecta para el almuerzo, antes de que las
filas largas invadieran cada stand o de que todas las sillas se ocuparan.
Visión panorámica del ambiente del festival. Similar a cierto picnic a inicios de cada año
¿Los precios? Altos, como en cualquier evento de ese
estilo. Encontré un plato de lechona como una buena opción, después de que
algunos restaurantes ni siquiera prestaran el servicio alrededor de las 2:30
p.m. Después de terminar el almuerzo y descansar un tanto sin estar agotado,
fui a ver la última presentación que daría Toto la Momposina antes de su retiro
artístico, el cual resultó ser un bonito homenaje a sus logros y al legado que
dejaba. Los músicos invitados contaron con gran cantidad de protagonismo, sin querer
opacar a la estrella del show. El cierre de una época.
Adriana Lucía como invitada de la última presentación de Toto la Momposina
Seguía Molotov y lamentablemente pagaron el precio de un
mal sonido y un repertorio poco amigable para los no tan fanáticos. No fue una
mala presentación debido al talento de los integrantes de la banda y a su
magnífica energía, pero no podría ser enmarcada dentro de las mejores
presentaciones del festival.
Habría podido ser mejor, pero Molotov no tiene la culpa...
El plan era ver a Los Auténticos Decadentes, pero la
marea humana impidió una llegada digna a una locación cercana al escenario, por
lo que fue preferible abortar dicha misión. Como alternativa, intenté conocer
más sitios ofrecidos por el festival, incluyendo parte de otra zona de comidas
y algunos emprendimientos. No obstante, la misión fue clara desde ese momento:
cuidar un puesto adecuado para visualizar a Mon Laferte, Caifanes y los
Cadillacs apenas salieran a la tarima. Y eso se hizo.
Montserrat saludando a su público en Bogotá después de 5 años sin presentarse en esta ciudad
Una gran sorpresa dio Mon Laferte, que después de cinco
años sin pisar escenarios colombianos, demostró el porqué se le tiene
referenciada como una de las mejores voces femeninas de la actualidad. Desde la
balada hasta la salsa y desde el urbano hasta la cumbia, Norma expuso la amplia
versatilidad con la que ha cautivado a millones de espectadores. Llegó a un
nivel tan alto, que varias personas la aseguraban como la mejor presentación de
la noche… Aunque aún faltaban más cosas por llegar.
"Dime pa' que tanta pregunta, mejor tu boca y la mia bien juntas. Aprovecha el vaiven, sólo bésame bien"
Una hora después de que Mon Laferte finalizara su
espectáculo, aparecían los Caifanes en escena. A pesar de que ha estado tardada
la creación de nuevo contenido por su parte, sería icónico ver su presentación
en vivo por primera vez. Las 17 canciones que interpretaron fueron
impresionantes en su interpretación; y aunque haya faltado una muy especial que
desconozco el porqué no la cantaron (ejem… No dejes que… ejem), entregaron un
ritual apoteósico que generó miles de aplausos que no se esfumaron fácilmente
del ambiente. La sesión terminó con un conjunto de mariachis traídos por Héctor
Buitrago (bajista de Aterciopelados) en honor a la banda que inició su trayecto
en Colombia de la mano con el dúo dinámico de Andrea y el mismo Héctor.
"Vamos a dar una vuelta al cielo, para ver lo que es eterno"
Ahí quedaba esperar 75 minutos para la aparición de la
agrupación encargada de cerrar este encuentro de sonidos: Los Fabulosos
Cadillacs. No obstante, y fiel a lo que me propuse desde el principio, decidí
escaparme del frente de aquel gran escenario con dirección a la carpa en la que
se estarían presentando Los Amigos Invisibles, banda fundamental e irremplazable
que sí o sí debía presenciar. Y desde que llegaron, hasta lo último que logré
ver de ellos; todo fue una fiesta llena de euforia y baile constante. No todo
fue perfecto, porque nunca llegaron algunas melodías que esperaba con muchas
ansias (Viajero frecuente del amor, Espérame, Eres mis ganas, Sabrina) … Pero
en general, fue un show espectacular donde la sabrosura y la alegría invadieron
cada rincón de aquella carpa. Quizás regresen pronto, y tal vez vuelva a
asistir al fiestón que se arme con sus canciones.
"Dulce como miel, que me hace caer"
Después de un rápido regreso a la tarima principal que
incluía empujones para llegar a una buena posición, el león del ritmo empezó a
rugir en la última presentación de la noche. Los Fabulosos Cadillacs empezaban a
sorprender a su público con Manuel Santillán El León, una de sus mejores
melodías a mi criterio. Los puntos más altos se dieron con sus clásicos
coreados por todos los espectadores: Vasos vacíos, Mal bicho y Matador. Y el
cierre se daría con una vieja conocida, rememorando lo sucedido en Corferias seis
años atrás en el marco del Festival ALMAX, cuando los Cadillacs volvieron de
forma improvisada al escenario para interpretar la inolvidable Yo no me
sentaría en tu mesa, ahora al aire libre. El final de la jornada era inminente,
pero la emoción de los asistentes permaneció intacta.
"Porque nada de eso te puede elevar..."
A las 2 am se me terminaba la aventura por el Festival
Cordillera, a pesar de que para muchos era apenas la mitad del camino. La
satisfacción era plena, y ya había logrado compensar buena parte de lo no
vivido en Marzo (aunque todavía faltaban varios pendientes por resolver). Por
resaltar está la extrema puntualidad en las presentaciones y la abundancia de
espacios para no aglomerar tanto a los asistentes; y por mejorar quedaba la
logística para ciertas agrupaciones. No era el evento perfecto, pero quedaba
como un grandioso inicio para un proyecto de largo plazo que espero mantengan
por varios años más.
Hasta una próxima ocasión (que ojalá la haya)
Inicialmente lo pensaba como el gran evento que
finalizaría el año en lo que a conciertos se refiere, pero faltarían algunos
hitos más que pueden rebatir la afirmación inicial, para mi fortuna. Más pronto
de lo que piensan, verán la historia del concierto que le siguió… Así que
pendientes de este rincón del Internet. Gracias por su lectura y ¡Suerte es
que les digo, agonías!
El tema de hoy. Verán que me voy a extender lo necesario para abordar esto
Todo inició con una breve misiva en la que expresaba
mi deseo por tener un espacio en la red en donde pudiera expresar mis juicios,
opiniones y expectativas acerca de diversos temas. Todo empezó hace cinco años,
un 24 de Abril de 2015 en el que me arriesgué a empezar un nuevo proyecto con
la intención de aprender y disfrutar todo lo correspondiente a este arte tan
extenso y tan interesante como lo es la música.
En ese entonces, apenas comenzaba mi etapa
universitaria y quería que mis ideas fluyeran por medio de artículos que se
convirtieron en mi legado más valioso hasta la actualidad. Hoy, con mis
estudios universitarios casi terminados, miro hacia atrás y me fijo en todas
aquellas experiencias y oportunidades que me trajo este espacio tan
maravilloso… Siento un gran sentimiento de nostalgia por haber armado un espacio
que logró entretener e inspirar a varias personas; incluso nos permitió conocer
las historias más reveladoras detrás de la creación de grandes íconos de la
cultura popular. Y a todos los que han seguido en estos años este proyecto: ¡Gracias Totales!
Todo comenzó con este simple logo y una misiva.
En el 5° aniversario de Ya Viene… Todo a su
Tiempo, les presentó mi análisis descriptivo y crítico acerca del más reciente
concierto al que tuve la fortuna de ir: Gracias Totales de Soda Stereo.
Y desde el primer momento les digo que este
multitudinario evento no estuvo exento de críticas debido al gran escándalo que
podía significar el hecho de que la banda hiciera una nueva gira con su
vocalista/guitarrista ausente. ¡Carajo! Hasta yo mismo confieso que expresé en
su momento que este nuevo capítulo en la historia de la banda estaría motivado
por amplios intereses económicos. Sin embargo, a Zeta y a Charly no les importó
demasiado el huracán que se generó entre la fanaticada de Soda Stereo, y
continuaron con paso firme.
Hector "Zeta" Bosio y Charly Alberti, frente al público del Estadio El Campín, en Bogotá
Por lo visto, tanto el baterista como el bajista
quedaron impresionados por el alma de la banda manifestada en aquel ya lejano
proyecto del Cirque du Soleil llamado Séptimo Día, en el que ambos trabajaron
tras bambalinas, con el apoyo de uno de los colaboradores de mayor confianza
del ausente frontman: Adrián Taverna. Entre los tres invirtieron meses de arduo
esfuerzo para preparar un disco de remezclas que fue lanzado al mismo tiempo
que la propuesta circense, y que fuera de contener unas adiciones interesantes,
en su momento definí como un descarado cashgrab
cuya compra no ofrecía el mínimo valor agregado que se espera de la banda.
Pero no me malentiendan, llamo despropósito únicamente
al disco lanzado y no al show concebido por el Circo del Sol, debido a que en
el espectáculo se aprovechó todo el potencial de las personas involucradas para
hacer unas coreografías ingeniosas. ¿Innovador? Para nada ¿A la altura de la
banda? Totalmente. En simples palabras: Un llamado a revivir los viejos
tiempos, a través del nuevo talento. Y eso sólo fue el principio del regreso de
los integrantes sobrevivientes de la banda.
El Cirque fue un proyecto que dejó pensativos a los sobrevivientes de Soda...
Puedo suponer que existió un trabajo discreto y
silencioso durante aproximadamente un año entre todos los invitados a
participar en aquel proyecto de Soda iniciado por Zeta y Charly, aunque el
panal se intentó alborotar un mes antes de la gran revelación cuando periodistas
argentinos corrieron el chisme de que el ahora dúo rockero más grande de
Argentina regresaría a los escenarios con un nuevo vocalista de la talla de
Chris Martin (Coldplay) o de Bono (U2). Y lo interesante del caso es que ni el
bajista ni el baterista de Soda reaccionaron ante la declaración. Ni la
desmintieron, ni la desvirtuaron… Simplemente, la respuesta nunca llegó… O al
menos, eso creíamos nosotros.
El 3 de Octubre de 2019 se soltó la bomba. Con un
teaser en el que Charly y Zeta tomaban sus instrumentos para tocar Hombre al Agua y con una carta firmada
por la banda en la que anunciaban una nueva gira, se confirmaba la noticia: El regreso a los escenarios de Soda Stereo.
Y por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar. Los más ofendidos fueron
los fanáticos recalcitrantes de Cerati, acusando a los implicados de robar el
nombre, engañar a los fanáticos, dejar el nombre de Soda en ridículo, entre
otras exageraciones que no impidieron que un público masivo se ilusionara con
el ya anunciado regreso.
Esta es la famosa carta del regreso. No se imaginan cuanto odio levantó en redes sociales!!
Desde el principio, se aclararon tres cosas:
1. El evento era sólo una gira de homenaje. Nada de
volver a grabar en estudio ni algo similar
2. Las personalidades invitadas no reemplazarían a
Gustavo, de ninguna manera
3. No todos los intérpretes estarían en vivo. De los
anunciados, sólo la mitad estarían en cada ciudad. Y de acuerdo a la ubicación,
los invitados presenciales cambiarían.
Y de Octubre en adelante, se fueron anunciando las
fechas en las que iba a tener lugar este proyecto. Las entradas iniciales se
agotaron en cuestión de días, por lo que se abrieron más localidades y hasta
nuevas funciones para contemplar lo que tenían preparado para los interesados
en el grupo. El inicio de esta aventura se daría en Bogotá, Colombia, en una fecha
poco usual: 29 de Febrero de 2020… para luego viajar alrededor del continente
americano durante los tres meses siguientes, algo que por el momento no se ha
logrado completar.
Y con este vídeo, presentaron a los artistas invitados. Realmente habían muchos nombres interesantes
¿Quién haría parte de la presentación en vivo? Además
de Charly y Zeta junto con los artistas invitados, el grupo estaría soportado
por Fabian “El Zorrito” vön Quintiero, quien fuera tecladista de Soda en las
épocas de Nada Personal y Signos para luego convertirse en parte importante de
la banda de Charly García a comienzos de los años 90. Así mismo, el llamado por
algunos “cuarto soda”: Richard Coleman, que había aportado su talento de
guitarrista al primer disco de estudio del grupo argentino y a los dos últimos
trabajos discográficos de Cerati. Por último, pero no menos importantes, la
participación en guitarra de Roly Ureta, antiguo compañero de Richard y Gustavo
en una agrupación paralela a Soda Stereo llamada Fricción y los aportes de
Simón Bosio, hijo del bajista del grupo y que ha formado una carrera discreta
respecto a las mieles de la música.
Como de costumbre, yo no disponía de dinero para
asistir a este evento. Sin embargo, logré ganarme la boleta a través de un
concurso en una emisora, a la cual le agradezco ampliamente el haberme dado la
oportunidad de presenciar un concierto de esta magnitud. Pero la pregunta que
la mayoría de los lectores se hace en este preciso momento es: ¿Qué tal el
concierto? ¿Valió la pena o fue una estafa? Pero no se apuren, porque primero
voy a reseñar lo que experimenté en dicho concierto, para después concluir en
si fue una maravilla o una decepción. ¡Aquí vamos!
Esta fue la boleta que me pude ganar. De nuevo gracias a esa emisora!!
El Estadio El Campín abrió sus puertas a las 5 pm de
aquel sábado para que todos los asistentes se acomodaran desde temprano. Entre
los vendedores de empanadas, los vasos de licor y el cansancio corporal se
fueron pasando las tres horas y media de espera. El grupo arrancó 30 minutos
tarde, pero eso fue irrelevante cuando estaba a punto de comenzar un suceso
extraordinario. Las pantallas empezaron a transmitir un paseo por una
biblioteca casera de la que se retira un VHS con el nombre “Soda”, este es
puesto en el reproductor, y empieza a emitir diversos momentos inéditos de la
banda en sus mejores años. Nadie encima del escenario musitó palabra alguna. La
música hablaría por ellos.
“Acuéstate, levántate, no puedo seguir así, oh no.
Apágalo, enciéndelo, no puedo seguir así, oh no”
Sobredosis de TV –
1984.
La primera melodía sería Sobredosis de TV. Un Gustavo Cerati en las pantallas del estadio
cantaría con su estilo particular, mientras los demás miembros de la agrupación
lo acompañaron en vivo. Y las personas empezaron a corear aquella letra icónica
del trío argentino. El ambiente generado fue tan increíble como el que se debió
haber generado en las presentaciones pasadas hechas en la capital de Colombia.
El público de este país recibía con los brazos abiertos el regreso de uno de
sus ídolos más grandes a nivel musical, así la presencia de Gustavo no fuera total.
Y desde que finalizó la canción inicial, todo el
Campín acogía el cántico referente a la banda. ¿Y cuál era ese cántico? El ya
conocido por muchos: ¡Oe, oe, oe, oe, Soda, Soda! que retumbó tanto en las
gradas como en las zonas donde las personas estaban de pie. El espectáculo
continuaría con Hombre al Agua a
cargo de la voz de Richard Coleman, el cual estuvo a la altura de aquellas
presentaciones pasadas de Gustavo con la banda tanto instrumental como
vocalmente. Después de esto, aparecería León Larregui para colaborar en Disco Eterno, con una interpretación
pegada a la original pero que podía sentirse un poco vacía. No conozco mucho el
trabajo de Zoe, pero estoy seguro de que su vocalista pudo haber puesto más
empeño a la hora de interpretar esta pieza. Le hizo falta una poca de gracia, como
dicen por ahí.
Seguiría El
Rito, interpretada por Álvaro Henríquez virtualmente y estuvo bien, a
secas. El frontman de Los Tres impregnó a esta canción mística de todo su
estilo folk con resultados interesantes, aunque estuvo lejos de ser uno de los
grandes momentos del concierto (y no ayudó su ausencia física durante el
concierto). El que si sería uno de los highlights de la noche llegó
inmediatamente después de Álvaro: Rubén Albarrán aterrizaba en el escenario con
una maravillosa versión de Lo que Sangra
(La Cúpula); y dio una catedra de como dominar el escenario frente a la
ausencia de Gustavo. Tanto su voz característica, como su manera de interpretar
la melodía y su energía en el escenario fueron los ingredientes perfectos para
que el voltaje se elevará a niveles impensables en todo El Campín.
“Yo conozco ese lugar, donde revientan las estrellas.
Yo conozco la escalera en espiral hacia la cúpula”
Lo que Sangra (La
Cúpula) – 1988.
Luego de ese gran momento, vendrían tres artistas
virtuales que, sin importar su ausencia lograron cautivar de una u otra manera
al público asistente (Eso sí, unos más
que otros). La primera fue Julieta Venegas con Signos, que tuvo un desempeño similar al de León Larregui: simple,
uniforme y ciertamente ligada a la original. Pero no se puede juzgar de la
misma manera a los invitados presentes que a aquellos atrapados en la pantalla,
porque los del escenario pueden desenvolverse más libremente (cosa que León no
hizo). Así que todo bien, Julieta.
Walas, vocalista de Massacre, se haría cargo de Juegos de Seducción, el cual contó con
unas habilidades vocales que diferenciaron ligeramente esta versión de la
original; y lo hizo bien. Después, llegaría Benito Cerati para interpretar uno
de los clásicos de Sueño Stereo: Zoom,
con una presentación colorida y animada acompañando una manera coqueta de
abordar este éxito de los últimos años de la banda. Eso sí, no fue una de mis
favoritas por el simple hecho de que siento que el intérprete hubiera explotado
aún mejor el concepto con su presencia… Pero bueno, espero que en las otras
ciudades a las que si asista, pueda sacar adelante esta idea.
“Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa”
Zoom – 1995.
El espectáculo continuaría con la intervención de
Adrián Dargelos, líder de Babasónicos, en Trátame
Suavemente, una de las baladas más queridas por los seguidores del grupo.
¿Cómo lo hizo? Fue sobresaliente, y supo evocar el sentimiento de ternura de la
original. El carisma que demostró en la tarima fue uno de los factores
decisivos para el éxito de esta versión, porque lamentablemente la voz no
destacó como en algunas canciones de su agrupación, en las que el talento vocal
es muy bien explotado.
El punto medio del concierto llegaría con una pieza
tan icónica como excelente: En la ciudad
de la furia, y el que tomo las riendas en la voz fue Gustavo Cerati, de
forma virtual… No sin antes cometer una equivocación en el vídeo introductorio
que se mostró y quedó detenido sin previo aviso: Un pifie, como dirían por ahí.
Regresando al sencillo clave de Doble Vida, sólo es posible mencionar elogios
acerca de este. Realmente funcionó muy bien el esquema cruzado entre la banda
en vivo y el vocalista difunto devuelto a la vida mediante esa pantalla mágica,
porque las emociones fluyeron de una manera inimaginable en el contexto de
ausencia del frontman de Soda. Un momento excelente con un cierre de guitarra
eléctrica ideal.
“Me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas,
sabrás ocultarme bien y desaparecer entre la niebla…”
En la ciudad de la
furia – 1988.
Aquí llegamos a un punto controversial del
espectáculo: La aparición de Draco Rosa para darle vida a En Remolinos, la cual fue amada por unos y odiada por el resto. Me
parece que la atmosfera oscura y deprimente de Robi nutrió de forma adecuada a
una pieza que representa un encuentro consigo mismo, con sus ángeles y
demonios. Cada desgarro del hombre se sintió como una liberación de todas esas
ataduras a las que podamos estar enredados en este contexto mundano. Me gustó
cómo Draco abordo este misticismo, a su manera, y con un alto nivel de profesionalismo.
Oh no… No, no, no… ¿Cómo nos pudiste hacer eso,
Andrea? ¿Por qué tenías que ser tú? Eras la intérprete en la que más se
conservaban las esperanzas de mostrar un buen contenido, pero resultó al revés.
La versión de Pasos realizada por
Andrea Echeverri, vocalista de Aterciopelados, no fue del agrado de mucha
gente, incluyéndome. Esforzaba tanto la voz que los desgarros le salían mal en
partes cumbre de la melodía, y dicha exageración vocal bastó como para que las
ilusiones de ver a Andrea con Soda otra vez se rompieron en millones de
pedazos. Me gustaría decir que estoy exagerando, pero el vídeo no miente. Vean
y me comentan.
Luego siguió uno de los mayores éxitos de la banda, Cuando Pase el Temblor, con la voz de
un Gustavo Santaolalla al cual no parecen afectarle los años a nivel vocal. A
pesar de que no hizo acto de presencia en Bogotá, las pantallas permitieron
demostrar el aún vigente talento del genio compositor de proyectos como
Bajofondo o la banda sonora de The Last Of Us. A continuación, vendría uno de
los momentos más conmovedores del show a través de la canción más sentimental
de aquel poco difundido Dynamo: Fue.
De nuevo aparecía de forma virtual la figura de Gustavo para interpretar
aquella joya incomprendida en su época. Se sentía una tristeza notoria cuando
la banda y el vocalista se miraban mutuamente, pero el público veía claramente
la ausencia del ya fallecido. Todas las luces de los teléfonos celulares fueron
prendidas para homenajear a ese grande de la música que había partido 5 años
atrás, y El Campín quedó impregnado de una nostalgia que a más de uno le pudo
haber sacado unas cuantas lágrimas.
“Fuiste mía, y el hastío nos llevó al desengaño. Y eso
pasó… Fue”
Fue – 1992.
Después de una emotividad pura, el concierto
sorprendió con una presentación cuya calidad no se esperaba, ni siquiera por
parte de los seguidores más optimistas de la banda. Mon Laferte aparecía para
darle vida a Un millón de años luz, sencillo
muy popular de Canción Animal, y resultó ser la antítesis de la presentación de
Andrea Echeverri; es decir, una interpretación muy buena. La voz de la señorita
con todos sus desgarros y sus matices logró hacer completamente suyo dicho
clásico de Soda, desenvolviéndose de una forma majestuosa. La chilena logró dar
la talla en esta ocasión.
En estos momentos, ya se sentía que estábamos llegando
al tramo final del espectáculo. Desafortunadamente, Mon fue la última invitada
de manera presencial y melodías como Prófugos
y Persiana Americana fueron cantadas
por artistas que no hicieron acto de presencia en Bogotá. Esto era posible
esperarlo del vocalista de Catupecu Machu, Fernando Ruíz Díaz, pero no de
Juanes. De hecho, me llamó mucho la atención el hecho de que el artista paisa
no hubiera viajado a Bogotá para inaugurar la gira en el país que lo vio nacer,
y viendo su interpretación en vídeo me doy cuenta de que la emoción y el ánimo
de los asistentes habría sido mayor si no se hubiera ausentado. Y con Fernando
sucede lo mismo, porque el talento vocal demostrado daba para potenciar el show
“en vivo y en directo”. Lastimosamente, así no fue y espero que en las ciudades
a las que ellos viajen, el público pueda disfrutarlos al máximo.
“Y cuando el enmudece y las promesas engañan, nos
revolcamos en el jardín por donde nadie pasa”
Un millón de años luz –
1990.
La penúltima canción fue Primavera 0, donde Gustavo Cerati reapareció en las pantallas por última
vez para deleitar a su público desde la dimensión en donde esté. Un momento
suave y tierno, en medio de la intensidad de las cuerdas y la batería. Y todo
terminaría con la insignia por excelencia de Soda Stereo: De música ligera. La pieza musical que otrora cerró aquel último
concierto en 1997, fue elegida para también cerrar este homenaje, con la
inclusión de Chris Martin como cantante, aunque ausente del escenario bogotano.
Y esta es otra de las críticas a este evento: ¿No pensaron que el final del
espectáculo merecía algo más que una presentación virtual de un personaje que
si tenía la posibilidad de estar en Bogotá? Era preferible invitar a todos los
invitados presentes para interpretarla entre todos, o dejar al vocalista de
Coldplay a la mitad del show y no para cerrarlo… En resumen, había mejores
maneras…
Sin importar esa falla garrafal, emociones como la
euforia y la nostalgia tomaron fuerza en la mayoría del público, las cuales
permitieron que el superéxito de la banda se disfrutara de principio a fin. Al
escucharse los últimos acordes de las guitarras y bajo, y los últimos golpes en
la batería, iba a concluir la primera parada de esta nueva gira. Sin musitar
palabra alguna, Zeta, Charly, Fabián, Simón y Roly se despidieron de El Campín
y los créditos aparecieron en las pantallas. El espectáculo había concluido.
“Tarda en llegar, y al final, al final, hay recompensa”
Zona de Promesas –
1993.
Siendo muy honesto, sentí un poco de vacío después de
que finalizó el concierto. Caminando en medio de toda la marea de gente que
salía del estadio, me imaginaba como hubiera sido la interpretación de éxitos
tales como En el séptimo día, Entre Caníbales, Picnic en el 4B, Ella usó mi cabeza
como un revolver, Estoy azulado, entre otras… cuya inexistente aparición les
chocó a varios asistentes, incluyéndome. Aprovechar el potencial de los
invitados presentes mediante una canción adicional podría haber sido una gran
opción, pero desafortunadamente no sucedió. ¿Por qué había sido corto (o por
qué había sentido tan corto) este espectáculo?, me pregunté mientras regresaba
a mi lejana residencia. Se me pasaron algunas tristes ideas por la cabeza, por
lo que preferí no obtener respuesta a esa cuestión.
Setlist de aquel 29 de Febrero en El Campín
Después de revisar lo sucedido aquel 29 de Febrero,
procedo a dar mi juicio al respecto:
Es entendible la intención del grupo de no expresarse
con palabras, debido a que la intención de la gira no era robarle el
protagonismo a Gustavo Cerati; sino más bien, homenajearlo. La presencia del
frontman está en todo momento del concierto, a pesar de que su vida ya
haya culminado. Sin embargo, eso no evitó que Zeta se paseara por todo el
escenario durante varias canciones y manifestara sus emociones por medio del gran
poder de aquellas cuerdas de su bajo. Fue un detalle muy agradable de ver. Su
hijo también se lució en la guitarra, teniendo su momento de mayor brillo
durante la intervención de Mon Laferte.
Charly, Zorrito y Roly estuvieron bien. No hay queja
alguna de mi parte. Y con respecto a los invitados presentes, considero que se
pudo haber hecho un mejor trabajo a la hora de elegir y ensayar las canciones
correspondientes a cada uno. De hecho, lo sucedido con Andrea Echeverri y León
Larregui son claras muestras de que se requería mejor preparación en ese
ámbito. No obstante, eso no impidió que Mon Laferte, Richard Coleman y Rubén
Albarrán mostraran un gran performance, ofreciendo unas interpretaciones que
honraron muy bien al gran ausente de la noche. Posterior a ellos colocaría a Draco,
el cual considero que dotó de una atmosfera muy oscura al tema de introspección
personal al que le dio voz. Adrián Dargelos le seguiría con un toque coqueto y
tierno a aquella balada de Melero, aunque su talento vocal no destacó tanto
como se esperaba. Y para el olvido quedan Andrea y León, los cuales no
desarrollaron bien los temas a los que le tenían que dar vida y que con su
amplia trayectoria se esperaba algo mucho mejor.
“Esto parece un museo de cera, un simulacro demasiado
real, debo encontrar algún sitio afuera, quiero cambiar la escena…”
Imágenes Retro – 1985.
Con todo eso dicho, les confieso que me pareció un
gran concierto. Siempre deseé estar en un concierto de mi banda favorita y no
lo logré por la edad, y posteriormente por el fallecimiento del líder de la
banda. Sin embargo, se dio la oportunidad de experimentar sus canciones en un
concierto masivo y no me arrepiento en lo absoluto. Por último, cabe resaltar
que una de las mejores partes consistió en disfrutar a lado de muchas personas
el espectáculo, coreando todas sus canciones y sintiendo ese ambiente que desde
mi adolescencia quise vivir con Soda Stereo.
¡Oe, oe, oe, oe! ¡Soda, Soda!
Aquí termina este artículo, realizado con mucho cariño
después de varios meses en los que la sequía de contenido era el pan de cada
día. Espero lo hayan disfrutado y nos veremos en una próxima ocasión… Ah, a propósito
de eso:
Hoy anunció el inicio de una pausa indefinida de la
actividad de esta dimensión, la cual ya presentaba considerables interrupciones
que pudieron haber notado en estos últimos meses. Se quedan algunos proyectos
pendientes por terminar, a los cuales aún no les encuentro la suficiente creatividad
como para finalizarlos. No obstante, tengan por seguro que tarde o temprano,
esos proyectos se cerrarán de la manera adecuada… ¡Les hago esa promesa!
“Ahora todo es bruma y no hay luces que seguir. Si
piensas volver… Algún Día”
¿Otro artículo? ¿Tan seguido del anterior? ¿Acaso estás enfermo?...
Estamos en Diciembre, y deseo compensar el tiempo que pasamos sin contenido en esta página. Por lo que quiero continuar con la reseña de una pieza discográfica que salió a la luz hace un mes, trayendo de vuelta a la señorita Monserrat Bustamante Laferte en su máximo esplendor. De hecho, me pareció bastante extraño que la publicación de este álbum se diera poco antes de dos años después al lanzamiento de La Trenza, su producción inmediatamente anterior (Cuya reseña pueden leer haciendo click aquí).
Otra vez hablando de Mon Laferte por aquí. Esta señorita da de qué hablar, definitivamente.
Ese disco no gozó de una excelencia destacable. Es más, fue aceptable a secas por el simple hecho de la falta de buen contenido en algunas melodías y letras, lo cual frustraba el esfuerzo de las verdaderas joyas sonoras por mostrar una pieza sobresaliente. Y así se quedó: Conocer y empezar a escuchar más a menudo a “Monse” ha sido bastante agradable, pero reconozco que La Trenza no fue ni será la gran cosa.
¡Hoy veremos el nuevo álbum de Mon Laferte: Norma! Bienvenidos a la reseña.
Norma (2018)
1. Ronroneo
2. No te me quites de acá
3. ¿Por qué me fui a enamorar de ti?
4. Quédate esta noche
5. Caderas Blancas
6. El Mambo
7. El Beso
8. Cumbia para olvidar
9. Funeral
10. Si alguna vez (ft. El David Aguilar)
Todas las canciones fueron escritas por Mon Laferte. Otros autores que aportaron fueron: El David Aguilar (2,6,10) y Dámaso Pérez Prado (6).
El hecho de que un nuevo trabajo discográfico se lanzará poco tiempo después no me generaba muchas expectativas. Con eso, salió Norma y seguí al pie de la letra la instrucción que difundía la misma “Monse” en sus redes y en todas las entrevistas que dió: –Escuchar el disco completo, en orden, y no sólo darle importancia a los tres sencillos que habían salido. Y así fue… Posteriormente, quedé impactado por lo que había escuchado.
La misma creadora lo define como la historia del amor envuelta en un compilado de ”Canciones Cebolla”, lo cual en resumidas cuentas está conformado por todas esas propuestas románticas, baladas y boleros escuchados en las décadas de los 60’s, 70’s y 80’s (Lo que en otros lados, conocemos como “Música de Plancha”). Con esto dicho, difiero un montón con esa definición dada por Monserrat, por la simple razón de que pretende limitar su propio trabajo a unos pocos géneros musicales (Subestimando su propia creación, de paso).
A lo largo de la reseña del disco, veremos todo lo que la autora pretende abordar en cada historia.
Ronroneo: La entrada triunfal de este álbum. Una cumbia con el protagonismo del piano, la flauta, y la trompeta. ¿La letra? Una descripción de la sensación que causa el amor a primera vista y todas las ilusiones que ello implica. Con diversos recursos líricos, la composición resulta ser juguetona y atractiva para cualquier persona con un digno sentido del humor. La voz inspira ternura, al mismo tiempo que sensualidad. No se alcanza a tornarse repetitiva porque los mismos instrumentos le agregan variedad a la pieza en cuestión. Y los detalles guturales puestos en la mezcla son deleites auditivos. Puede sonar ridículo el concepto, pero destaca más por lo creativo. Muy buena.
"Beber de todo tu arte, suave como un ronroneo..."
Se avecina una explosión orgásmica (según un comentario de YouTube) de la mano de No te me quites de acá, una especie de tango con vestigios de jazz y blues que apelan al instinto más animal que puede tener un ser humano en su momento más íntimo con su amante. Las notas en el piano van elaborando un camino angelical que envuelve la melodía en una espiral de inevitable pasión y frenesí. Y de la misma forma, la letra coincide con aquello reflejado por cada instrumento, con el plus de la fuerza y el desgarro de la misma cantante… Una sorpresa espectacular, en definitiva.
"Sí, otra vez amanecí, enredada al frenesí, despeinada de tus besos"
Uno de los puntos más altos del disco es ¿Por qué me fui a enamorar de ti?, la incursión de Monse a ese género especial y legendario que conocemos como Salsa. Sencillamente, se aprovecha todo el potencial que la cantautora puede lograr a nivel artístico en un género tan sabroso como complejo. El único defecto que le encuentro es que los versos son en su mayor parte planos, sin algo que destaque a nivel vocal hasta el final de estos mismos y el comienzo del estribillo. Pero lo demás es de muy alta calidad: Desde la trompeta que está más viva que nunca, el guaguancó infaltable en el compás de la canción, la fuerza de la voz humana, los pregones que rememoran aquella época de auge de la Fania… En resumidas cuentas, un tesoro excelente.
"Estoy tan confundida, mas no estoy arrepentida... Si pudiera, te volvería a amar"
A continuación, están las dos melodías flojas del disco: Quédate esta noche y Caderas Blancas. Y no porque sean precisamente malas, o algo similar. Considero que no dan la talla para un álbum que desde el inicio ha intentado explicar las fases del amor, tratando de sacar a Mon Laferte de su zona de confort musical.
"Cuando me aflore la hipersensibilidad, no me lo tomes a mal... Es que tú provocas esto"
La primera, porque puede tomarse como una segunda parte de Primaveral, del disco anterior, así tal cual con su ritmo característico y con unas cuantas diferencias por aquí y por allá. Incluso, en aquella reseña deje en claro “Cuán tanto me fascinaba esa canción”, por lo que otra melodía por el mismo camino no resulta ser de mi agrado, por más de que la instrumentación mitigue el efecto. Y qué puedo decir de Caderas… Que sólo es linda y ya. Los arreglos de esta pieza y los detalles agregados en la mezcla son atractivos resaltables, incluyendo ese guiño al ritmo flamenco. Pero de resto, no resalta ni en la temática, ni en alguna interpretación vocal diferente a la que la misma cantante. Es simplemente agradable de escuchar, pero se queda corta frente a reliquias posteriores.
"Que bonito se siente esta turbulencia, llegaste amante divino como una tormenta"
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ¡MAMBO! Es increíble contemplar como la señorita Laferte es una de las pocas intérpretes que puede pasearse entre un montón de géneros con una naturalidad impresionante cual Pedro por su casa. También, que sus mezclas e incursiones a lo trending son capaces de dejar en ridículo a aquellos que “encabezan” las tendencias. Y eso es El Mambo: Un trap mezclado con el ritmo que da nombre a la canción. El tono discreto, lastimado y tosco de Monse junto a una letra que demuestra desinterés y decepción con una pizca de sátira e ironía. Remata con la explosión de ¡Celos! que hay en el coro de este tesoro. No olvidemos los arreglos instrumentales serios y coquetos, además de cierto pequeño cover hecho al papá del ritmo. Joya sin precedentes.
"Me dejaste el corazón roto, me gastaste las siete vidas, derramaste tu terremoto"
El Beso, el primer sencillo del disco que en principio no me simpatizó. Una combinación de son cubano, dembow (la base de ya saben cuál género) y una estructura sólida de piano bastante movida. Derroche de tenacidad y de cierta angustia por el presagio del fin de una relación, en el marco del deleite de un último beso. Resalta la gran interpretación de voz de la cantante, a la vez que se van entrelazando cuántos más géneros se puedan en un licuado de emociones que coinciden en una letra atrevida, al mismo tiempo que dulce. ¡Está buena!
"Dime pa' que tanta pregunta, mejor tu boca y la mia buen juntas, aprovecha el vaivén. Sólo bésame bien"
No sé si lo hizo de manera intencional, o no; pero los acordes iniciales del bajo en la Cumbia para Olvidar son los mismos de cierta moda de cumbia-reggaeton de 2017 que debería ser olvidada por toda la humanidad. Aquí comienza el declive del amor. Y con esa cohesión entre el ritmo principal con vestigios de un estilo andino se va formando este exorcismo de malas energías, decepciones sentimentales y depresión total. El piano resulta indispensable para expresar la profunda tristeza. De hecho, me recuerda un poco al estilo de famosos baladistas como Leonardo Favio o Camilo Sesto, con la clara adición de la esencia inconfundible de la cantante. ¡Sobresaliente!
"No, no puedo ya vivir... Con esta cicatriz, me duele toda el alma"
Funeral: El tedio de la rutina contado a través de una pieza musical. Un bolero que muestra la insatisfacción, el agotamiento, el aburrimiento de la costumbre… Claramente, se terminó el amor que en algún tiempo estuvo más vivo que nunca. Ahora el vago recuerdo de aquel sentimiento es evocado por las cuerdas con acordes bastante suaves y decaídos. La voz de Mon Laferte resalta en los coros de una manera natural y orgánica, sin necesidad de elevarla o extenderla a niveles exagerados. Está “a su justa proporción” para que el sentimiento de inmersión continúe presente. Una bella composición.
"Perdóname mi amor, por haberte fallado. Me siento sola, y prefiero nuestro funeral"
El álbum termina con la primera y única colaboración hecha por Monse: Si alguna vez, junto a El David Aguilar, intérprete mexicano que, como pudimos ver en el artículo acerca de los Grammy Latinos (click aquí), es una promesa de la música bastante interesante, infravalorado en la actualidad. La melodía es una carta de agradecimiento a aquella persona que alguna vez fue especial en nuestras vidas, considerando que ya todo terminó sin posibilidad de retorno. Es sorprendente ver el género base con el que finaliza el disco: Una bachata, donde las cuerdas son las notables protagonistas. Y el featuring realizado es poco común en la industria musical actual: El acompañamiento es permanente, y ambos interpretan cada palabra de esta canción. Una manera enternecedora de terminar este disco.
"Si alguna vez nos volvemos a ver, abracemos la suerte. Y si nos toca la luna menguante, nos damos el chance"
A lo largo de estas 10 “fases” del amor, se evidencia que Mon Laferte exploró sus capacidades musicales en su máxima expresión. Continúa teniendo ciertas fallas y ciertos contenidos repetitivos, aunque no le quita mérito a todos los géneros que abordó y a las interesantes obras que creó en uno de sus trabajos más sinceros de toda su carrera. No creo que sea tan famoso como el Vol. 1 o tan premiado como La Trenza, pero si es posible decir que es el más cuidado y el mejor elaborado de estos últimos discos.
Procedo a dar el veredicto final de esta pieza discográfica.
Valoración Final: 2,5 (Muy bueno). Una digna mezcla de géneros envuelta en una historia de las distintas etapas del amor. Monse demuestra una mayor calidad a nivel lírico, instrumental y vocal con diversas joyas que confirman una evolución notable desde su trabajo anterior. El estilo folclórico se amplió a un mar de posibilidades que explora lo mejor de la música a nivel global. Las letras son un deleite (salvo contadas excepciones) y se experimenta una mayor madurez en el manejo de la voz. Un producto imperdible, que hasta al más indiferente de la música le va a llamar la atención.
Nos veremos en el siguiente artículo. Espero que no se tarde tanto. ¡Hasta la otra!