Un fugaz regreso.
La información del grupo y
varios datos claves pertenecen a fuentes como el diario La Tercera, la página
de Rock & Pop, la autobiografía de Claudio Narea: Mi vida como prisionero, el
libro de Latinoamérica es grande sobre las giras de la banda y diversos vídeos
de YouTube con archivos correspondientes a presentaciones y entrevistas.
Había ganado el NO, y la
dictadura sólo contaba con poco más de un año para empacar sus maletas y
abandonar la gran parte de instituciones del poder que habían cooptado durante
más de 15 años. Si bien, los siguientes años continuarían sin la realización de
un juicio formal por todas las atrocidades sucedidas y que fueron denunciadas
por bandas como la que hoy nos atañe; se podía respirar y sentir un ambiente de
cambio: más libertad, más alegría, el inicio ahora sí de la modernidad después
de esa oscuridad casi eterna.
No obstante, eso representaba
un problema para el concepto central de Los Prisioneros, puesto que aquella
grande figura a la cual controvertir y burlar ya no estaba donde siempre había
residido. Ahora las cosas eran diferentes, y mientras salían nuevas ideas; la
banda continuó sus giras por Sudamérica ganando fanaticada en países como Perú
y Colombia entre finales de 1988 e inicios de 1989 (en este último país
conociendo a unas muy jóvenes Thalía y Paulina “yo me quedo en causa” Rubio
cuando Timbiriche compartió escenario con ellos… algo referenciado por el
guitarrista en su libro como dato curioso).
Sin embargo, aquel 1989 fue un
punto de no retorno para la historia de la banda: no pasó mucho a nivel
discográfico, pero pasó de todo en el círculo íntimo del grupo, que tenía como
objetivos la culminación de la gira latinoamericana (que ahora sí tuvieron un
paso por México, no muy exitoso, casi al nivel de Soda Stereo y su gira
española) y la grabación de su cuarto álbum de estudio. No obstante, todo se
empezó a dañarse más rápido de lo que cualquiera de ellos o de sus seguidores
se imaginaron.
En febrero, Claudio Narea se
entera de la infidelidad de su esposa, Claudia Carvajal con Jorge González, y
la relación de amistad entre vocalista y guitarrista se resquebraja. Aún así, eso
no fue impedimento para que siguieran con el tour latinoamericano por Perú,
Colombia y México. El paso por Colombia, en el mes de abril, estuvo marcado por
un mano a mano con Los Toreros Muertos en alguna de las ciudades en las que se
presentaron: Armenia, Pereira y Medellín, son algunos de los ejemplos. Pero al
llegar mayo y la gira por México, la banda no pudo consolidar su presencia
continental más allá de unas pocas presentaciones debido a una enfermedad de
Narea y la inestabilidad emocional de González. Nada, el primero estuvo un par
de meses en cama y el segundo se volvió molesto para su otrora amante, quien
prefirió volver al lado de su marido antes de continuar en la espiral sin rumbo
en la que se había convertido aquel antiguo escape.
En agosto fue la última
presentación de Los Prisioneros con su alineación original, en la discoteca
Gente de Las Condes con un triste set de seis canciones (como documentan
algunos relatores), en la que ya la convivencia entre el vocalista y el
guitarrista era incómoda al punto del hartazgo. Miguel Tapia observaba eso
desde aquella barrera física como lo fue su batería, y desde la barrera
emocional al ser el que conservó siempre la buena onda entre los dos polos
electromagnéticos del grupo. Casi por esas mismas fechas, fueron las famosas
sesiones que derivaron en esa grabación no oficial llamada Beaucheff 1435
(ahí detrasito del Parque O’Higgins), en la que estaban algunas de las
canciones que originalmente conformarían el cuarto trabajo de estudio de la
banda.
A pesar de no encontrarse en
la grabación rescatada originalmente, me gustaría destacar el cover de Fresa
Salvaje, canción de Camilo Sesto y favorita personal, por la forma en la cual
se abordó, con el estilo house a un tempo más rápido que la original y la
calidad vocal de González que es admirable a pesar de ser un bosquejo sin
terminar. Se sabe que el frontman era seguidor acérrimo de ese tipo de baladas
que fueron popularizadas por Sandro, Nino Bravo, Miguel Bosé y el mismo Camilo
Sesto.
Todo lo que fue creado en
aquellas sesiones fue descartado de tajo debido a la decisión creativa de Jorge
González de enfocarse hacia un horizonte más romántico, contrastando con la
identidad contestaria del grupo, a pesar de conservar la crítica social de
cierta manera. Parece que el tema se originó de manera espontánea debido a que
su manager de toda la vida se consiguió un presupuesto nada despreciable para
grabar en octubre de 1989 el nuevo álbum con Gustavo Santaolalla en Los
Ángeles, California. ¿Y qué tiene que ver esto? Porque a la grabación del disco
sólo iría González. Narea no quiso ir y a Tapia le inhabilitaron la visa. Y
entre González y Santaolalla se originó lo que hoy conocemos como Corazones.
Corazones
[1990]
1. Tren al sur
2. Amiga mía
3. Con suavidad
4. Corazones Rojos
5. Cuéntame una historia original
6. Estrechez de corazón
7. Por amarte
8. Noche en la ciudad (¡Fiesta!)
9. Es demasiado triste
Todas
las melodías fueron compuestas por Jorge González
Al llegar al primer ensayo de
Corazones en enero de 1990, Narea se hartó. No pudo soportar el hecho de que
tuvieran que ensayar canciones que su antiguo mejor amigo le había escrito a su
esposa. Por lo cual, abandonó las reuniones con el grupo y un mes después le
envió un mensaje a Tapia indicando que ya no iba más. Por el lado de González, encontró
en la experiencia con sustancias la inspiración necesaria para componer
múltiples canciones que recorrían la nostalgia, el placer, el cortejo, la
sátira social, los pretextos, la insuficiencia humana, la obsesión, la doble
moral y la melancolía. Sí, en ese orden.
Pasamos de más del 80% de
letras de crítica social en su disco anterior, a un mísero 22%. Esto es un
pedazo de…
Diamante en bruto, bien hecho
y bien conservado, sin duda alguna.
No porque las letras
revolucionarias sean malas o algo similar, sino porque fue refrescante que el
grupo tuviera una reinvención lírica considerando lo que estaba sucediendo en
ese momento: iniciaba la década del 90, y ya en Chile las preocupaciones transicionaban
desde lo sociopolítico hacia lo emocional, en donde el desenfreno afectivo o el
desamor crónico pasaban a ser las preocupaciones latentes de los jóvenes de
aquella época.
Lo hicieron en el momento
justo, y les funcionó.
Tren
al sur habla sobre los recuerdos de infancia, ese escape que de
vez en cuando uno debe tomar cuando la vida está entregando una tensión
desenfrenada. Viajar a esa zona segura en la que la persona pueda encontrar el
nirvana. Aquellas notas de sintetizador se convirtieron en todo un ícono del
rock en español, me atrevería a decir que al nivel de los riffs iniciales en De
Música Ligera o la zampoña en los primeros segundos de Lamento Boliviano. Y qué
decir del intercambio cultural que representó el charango dentro de la canción,
que, sin ser un instrumento del sur de Chile, a nivel internacional es sinónimo
de los sonidos del sur del continente. En definitiva, un recorrido
introspectivo para encontrar la tranquilidad.
Amiga
mía
fue una, por no decir la principal, manzana de la discordia de este disco. No
dudo que haya sido la directa responsable de dejar sin guitarrista a la banda
chilena, y no es para menos. Desde la sensualidad del piano en pleno inicio, la
creciente percusión en cada verso por el que va avanzando la pista; hasta
llegar al culmen del estribillo que deja en claro el nivel de intensidad que
tuvo ese amor prohibido citado en los versos previos. Desde caricias
apasionadas hasta analogía a sustancias, nunca se pierde la intención de
rememorar el placer de una relación que rompía con cualquier atisbo de
sensatez.
Con
suavidad fue la melodía que, en cuanto a su naturaleza, destrozó el
concepto de rock con el que se le seguía relacionando a la banda. Esto era
sintetizador a la enésima potencia, de manera aún más demoledora que lo que fue
en su momento El baile de los que sobran. ¿El foco? Todo el ciclo de vida del
coqueteo, desde el momento en el que sólo parece una interacción más de muchas
otras que tiene el ser humano; hasta el punto definitivo de la intimidad y del
goce mutuo entre dos almas. Un punto de no retorno música y líricamente
hablando.
Sería
muy desconsiderado de mi parte pasar a la siguiente parte del disco sin
mencionar a las Cleopatras, un grupo de arte underground de finales de los 80
que se enfocó en la crítica a la sociedad mojigata de la época y a la
exposición de las ideas atrevidas de la época mediante el baile, el teatro, la
música, y una estética que mezclaba el erotismo con la rebelión. Patricia
Rivadeneira, Tahía Gómez, Jacqueline Fresard y Cecilia Aguayo serían los
rostros y mentes que le darían vida a este proyecto, en el que también colaboró
Jorge Gonzales, dado su vinculo emocional en sus primeros años con Jacqueline.
Entre tanto demo que se grabó, se puede resaltar una composición originalmente
interpretada por el cuarteto, pero que terminó saltando al mainstream por una
nueva versión creada por Gonzales, y que empezó a resaltar por su nivel de
acidez y sátira social: Corazones Rojos.
Corazones
Rojos es una de las más certeras críticas a la misoginia que he
escuchado en la música hispanoparlante. Muy irónica, al puro estilo que sólo
Los Prisioneros pueden entregar. Siempre consistió en hacer que sonaran
ridículo todas esas maneras de pensar en la que la mujer era menos, que tenía
menor cantidad de derechos y que siempre se tenía que supeditar a lo que dijera
el varón. Es absurdo, pero tristemente es lo que se ve en la sociedad, lo que
algunas religiones y/o libros sagrados contienen, como la Biblia o el Corán. El
enfoque se ve resaltado con su letra a manera de rap y hip hop, acompañado de
una guitarra eléctrica cuya presencia al final termina deslumbrando aún más el
firme mensaje de la canción.
Cuéntame
una historia original critica el victimismo en el que caen algunas
personas en sus realidades aisladas, sin caer en cuenta en la situación de sus
similares o cercanos. Una crítica a una actitud típica de los años de
adolescencia o de juventud, y quizás una reflexión propia sobre los años en los
que uno también cae en esas actitudes algo ingenuas. No me resulta tan
fascinante, pero demuestra que el proyecto musical podía explorar facetas
novedosas en cuanto a líricas o estilo musical.
Estrechez
de corazón, otro de los clásicos de la banda, y otro híbrido perfecto
entre la identidad electrónica que concentraba a la banda en ese momento, y la
balada rockera que homenajeaba el legado de un tal Camilo Sesto. Perfecta en
todo sentido, desde esa letra que critica la inmadurez que puede existir en un
vínculo amoroso (así como todo lo que eso conlleva), hasta el hecho de contar
con la mejor interpretación vocal de Jorge Gonzales, lo cual no es cosa menor.
Si en Tren al Sur se vio la entrada a la nueva visión de la banda, aquí se
consolida la perspectiva romántico-trágica que querían mostrar por esta época.
Es un ícono tremendo de la música en este bello idioma, sin lugar a dudas… Lo
que sí me causa duda es ¿En quién se inspiró Jorge para componer esta joya? En
Claudia, su amante en fuga que ya se estaba distanciando de él; o en su
compañero Claudio, y en su incapacidad de comprender todo lo sucedido en el
marco de la infidelidad de su amigo. Creo que jamás lo averiguaremos.
Por
amarte es la más débil del disco, no solamente dicho por mí, sino
por el mismo Jorge. Parece como si hubieran incluido en una licuadora a Con
suavidad y a Cuéntame una historia original, y en medio de esa combinación, le
aplicaran una pizca bastante generosa de obsesión al mensaje de la canción.
Está bien, pero hasta ahí.
Noche
en la ciudad vuelve a la crítica hacia una sociedad que
aparenta ser ordenada y de valores tradicionales, mientras que en la sombra
están los peores vicios y manías que cualquiera se pueda imaginar. Es la
mojigatería hecha canción, en pocas palabras. Inicialmente puede no ser tan
grandilocuente, pero el mensaje le ayuda bastante para llegar a una calidad
bien interesante.
Es
demasiado triste, o como yo lo llamo, “el vals del fin del
mundo”, pone sobre la mesa la gran ironía de un ambiente circense en el que la
tranquilidad de la persona está siendo desgarrada por la frustración de un amor
fallido. Lo que parece ser un órgano de iglesia acompaña de manera majestuosa
ese quiebre emocional, a manera de espectáculo para un público que vino a
entretenerse y a divertirse con la desgracia de aquel cuyo sufrimiento se
desvanece en medio de esas notas discordantes cual tragicomedia de teleserie
barata. Es el cierre de un disco de diferentes matices, que logró construir una
identidad postrevolucionaria de una manera magistral.
Al ya
no contar con el guitarrista insignia, el grupo optó por cubrir la vacante con
dos personas: La antes mencionada Cecilia Aguayo, en teclados y coros; y Robert
Rodriguez, en cuerdas. Tanto los vídeos de Estrechez de Corazón y Corazones
Rojos, así como para los conciertos de promoción del álbum fueron con ellos
dos, es decir, con Los Prisioneros en formación de cuarteto. Así llegarían
también a dos de las noches más importantes para el grupo: sus dos presentaciones
en Viña 1991, el esperadísimo debut del grupo después del retorno a la
democracia.
Eso
sí, el estilo asimilado por la banda en esta última etapa no fue tan agradable
para Carlos Fonseca, su manager de toda la vida, quien decidió abandonar el
barco poco después de que el festival de Viña de ese año terminó. El grupo
seguiría un año más en activo, a través de conciertos en Perú, Bolivia,
Ecuador, Venezuela y Colombia.
Perú
fue el país más cálido con el cuarteto y serían varias las fechas realizadas en
diferentes ciudades, incluyendo una presentación histórica en la Plaza de Acho,
sólo superada por una gira de Soda Stereo tiempo después. Ecuador pidió de más
y contó con una fecha programada y una segunda fecha repentina que también se
llenó hasta el último rincón del escenario. Colombia esta vez los recibió de
forma más tibia que en las ocasiones anteriores, pero eso no sería impedimento
para consolidar su nueva identidad frente al país caribeño. Y en Venezuela se
vivió una disputa sin precedentes en el Festival de Rock Iberoamericano, pero
no con Soda Stereo, ni con Los Rodriguez, sino con Fito Páez.
Las
dos partes traían cuentas pendientes desde una presentación en Punta de Tralca,
Chile; en la que el público expectante de ver al trío sanmiguelino terminó
abucheando y arrojando botellas al rosarino, y como cereza del pastel, Jorge
Gonzales procedió a realizar una parodia bastante ofensiva de los movimientos
algo amanerados del argentino quien, cobró venganza en Venezuela logrando que
los boicotearan en la primera noche del festival. Ya luego lograron tocar la
segunda noche, no sin antes insultarlo en el escenario.
Ya
para finales de 1991 emprendieron la gira Adiós Prisioneros por territorio
chileno, para despedirse de sus seguidores en varias locaciones del país. Los
últimos conciertos de ese año fueron en el Estadio Víctor Jara, en donde el
show terminó siendo un caos total después de la influencia de cierta sustancia
en el comportamiento de los integrantes de la banda, algo contado por Miguel Tapia en entrevistas recientes al rememorar sus manifestaciones de euforia con Cecilia Aguayo. Fueron también las
presentaciones en donde Jorge se burló del nuevo grupo de su excompañero
(Proxenetas y Flemáticos).
La
última presentación de Los Prisioneros en su primera etapa fue en Febrero de
1992, en el Estadio Playa Ancha de Valparaiso. No existe registro fotográfico o
de vídeo relacionado a ese día, se desconoce si se realizó algo en especial por
parte del grupo o si fue una presentación más en el calendario de gira que
tenían. Lo que sí es que después de esa fecha cada integrante tomaría caminos
distintos: Miguel se juntó con Cecilia para crear un nuevo proyecto electrónico
llamado Jardín Secreto, Jorge iniciaría su carrera como solista acompañado de
Gustavo Santaolalla y Claudio seguiría ocupado con sus Profetas y Frenéticos
durante esa década.
Saldrían
recopilatorios, propuestas e ideas para un reencuentro, pero aún faltaría casi
una década para que el trío original limara asperezas y volviera a los
escenarios a petición del público que los vio evolucionar y que los vería
regresar.
“En plena destrucción. Las palabras son cuchillas, cuando las manejan orgullos y pasiones”









